Circe, el oro del Manzanares

Crítica
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Circe, el oro del Manzanares

Circe, Ruperto Chapí (1851-1909), y libreto de Miguel Ramos Carrión, inauguró el Teatro Lírico de Madrid en 1902. 119 años después, inicia la temporada 2021-22 en el Teatro de la Zarzuela. Interpretan: Saioa Hernández, Circe; Alejandro Roy, Ulises; Rubén Amoretti, Arsidas; Marina Pinchuk, La voz de Juno y La sombra de Aquiles. Ninfas, sirenas, voces y coros: Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Guillermo García Calvo dirige la Orquesta de la Comunidad de Madrid. 12 de octubre de 2021

El Teatro de la Zarzuela inaugura su temporada 21-22 un mes antes de lo habitual con una versión concierto de la ópera española Circe, de Ruperto Chapí (1851-1909). Esta ópera, ideada al estilo europeo, fue estrenada en 1902, y tras 24 funciones, cayó injustamente en el olvido. ¿Es Circe una ópera de algún valor para la Europa de nuestros días?

Circe es una composición trufada de referencias a Strauss, Wagner, Verdi o incluso Falla y Barbieri, entre otros. Como hace Strauss con el inicio de su Elektra, Chapí nos sumerge de pleno en la tragedia desde los primeros compases: el peligro del mar. La orquestación y los efectos de eco son muy ricos a lo largo de la obra, además de contar con múltiples solistas en la orquesta. A veces incluso voz y orquesta son uno, abogando por la idea de arte total wagneriana.

Así pues, la orquesta heroica tras la aparición de Juno recuerda inevitablemente a la “Cabalgata de las valquirias”. Además, Wagner está presente con su Lohengrin, especialmente en la meditación de Ulises, o Isolda con la maldición de Circe al final del primer acto, por ejemplo. También encontramos un Verdi, apartado de la música popular italiana, con las criaturas fantásticas de Falstaff en el cuarteto de las ninfas del final del segundo acto, o incluso Rossini en su Comte Ory con el trío de las sirenas como un momento de dulzura en medio de la tormenta.

Sin embargo, Chapí no abandona sus raíces y, especialmente en el segundo acto, el coro de las ninfas recuerda a Falla. ¡Qué sorpresa cuando en esa orquesta wagneriana aparecen las castañuelas al final del segundo acto! Incluso hay un vago recuerdo de Barbieri y Los diamantes de la corona con la tempestad y un bajo aterrado en el primer y tercer acto. 

El coro, y los partiquinos formados por miembros del mismo, fueron llevados por Antonio Fauró con gran elegancia, y el maestro Guillermo García Calvo sostuvo la batuta como nunca antes lo habíamos visto, con una pasión y unos matices que hicieron brillar la orquesta de manera excepcional. 

En cuanto al elenco de los solistas, el bajo Rubén Amoretti aborda un Arsidas guerrero con una interpretación exquisita dominando el staccato para los momentos donde su personaje tiene miedo, y, al contrario, abordaba con gran heroicidad y fuerza los momentos belicosos. Alejandro Roy, en el papel de Ulises, se presentó siempre con voz plena a excepción del sueño de Ulises, donde arriesgó buscando una voz más fina y emocionó al público en un dúo con chelo. Marina Pinchuk sustituyó a Pilar Vázquez con apenas dos días de preparación. Este debut, aunque precipitado, sorprendió con una diferencia vocal entre el rol de Juno, más heroica, y la sombra de Aquiles, de manera más oscura y cavernosa; gran mérito para el poco tiempo que dispuso.

Y por último, culminó este elenco la soprano madrileña Saioa Hernández, con una encarnación de Circe inefable. Aun así, aunque las palabras no hagan justicia al hecho, daré algunos detalles para que el lector pueda hacerse una vaga idea de lo que escuchamos en el Teatro de la Zarzuela. Ya desde su aparición con esos saltos descendentes manteniendo el fa5 natural, destacó por su rotundidad, mostrando las pasiones ocultas de Circe. Por otro lado, la encontramos mágica y más lírica en el encuentro del primer acto tras la aparición del bajo, convirtiéndola en un personaje poliédrico. La meditación del segundo acto haciendo dúo con las cuerdas de la orquesta creó un momento puro de dolor y melancolía sobrecogedor. Hacia el final del segundo acto, cuando la magia de Circe renace en forma de amor, el público escuchó una de las frases más bellas de la velada: “Gozando eterna juventud”, con un sol natural con un piano embelesador. Aunque lo realmente culminante no llegó sino al final con ese monólogo de Circe descubriendo que su amado Ulises la ha abandonado. Y entonces… Circe gritó: “Ulises… Ulises…”. Nada. Silencio. “Ni el eco me contesta”, suspira. Fue absolutamente desgarrador después de haber escuchado ecos constantemente en la ópera. Ese último monólogo supuso un volcán de emociones con una interpretación viva incluso cuando tocaba la orquesta sola, sin que ella cantase; en definitiva, una Circe histórica.

Finalmente, nos quedamos con el deseo de volver a escuchar Circe, partitura hipnótica  rescatada por Juan de Udaeta, y, como menciona Emilio Casares en el programa de mano, “Músico y libretista conciben una obra para lucir la escena”. ¿No sería estupendo ver una Circe con una puesta en escena de Robert Lepage, Bob Wilson, o el reciente premiado por Ópera XXI Robert Carsen? Pues aunque esta ópera no sea El oro del Rin de Wagner, ha demostrado que el oro español brilla igual que el europeo. Así, esta producción dorada, contagiada del candor del Teatro de la Zarzuela, bien podría llamarse: Circe, el oro del Manzanares. 

Álvaro Siddharta

Fotografía: Elena del Real.
Publicado en septiembre 2021

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