Crítica
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Un modelo de cómo se debe construir la actividad musical en España

Estreno de uno de los mejores cuartetos de Conrado del Campo cien años después

Obras de Tomás Bretón, Beethoven y Conrado del Campo. Fundación Juan March. Ciclo El cuarteto de cuerda en España, 13 de febrero de 2013. Cuarteto Bretón.

Madrid se llena de conciertos de música clásica, muchos de ellos rodeados de un gran trabajo de marketing internacional, anunciados en teatros y auditorios con grandes cartelones (¡¡qué harán con ellos una vez terminados los conciertos!!) y a los que dedican páginas enteras los diarios de tirada nacional. El público se pelea por conseguir entradas y escuchar una vez más la quinta sinfonía de Chaikovski o uno de los conocidos oratorios barrocos. Grandes músicas ofrecidas por grandes intérpretes. Pero el pulso vital de una sociedad no está en estos aterrizajes puntuales de estas renombradas formaciones que incluyen nuestras ciudades dentro de sus giras internacionales, muchas veces con una cierta desidia y altos honorarios. Como en otras muchas cosas, hemos perdido un poco el norte y es como si lo importante de la vida deportiva fueran las esporádicas visitas de un equipo de la NBA frente a la temporada regular del Real Madrid o el Estudiantes. La vida musical se pulsa en la actividad musical, es decir, en la música que se hace y se construye en el propio entorno. Aquello que se ha denominado desarrollo local, algo con lo que se les llena la boca a nuestros inefables políticos, aunque luego practican tan poco. Y de lo que deberían tomar nota también nuestros programadores musicales que tienen un deber social con el entorno que les paga y en el que trabajan.

Asistíamos la otra tarde a un hecho excepcional, uno de esos momentos que definen una temporada musical: el estreno absoluto de uno de los mejores cuartetos de Conrado del Campo, el nº 8 en Mi Mayor. Aparentemente otro concierto dentro de un ciclo modesto, pero detrás había bastante más. En primer lugar poder escuchar la obra de Conrado del Campo, uno de los mejores compositores de nuestra historia musical, cuya música ha quedado olvidada en sus complejas y abigarradas partituras manuscritas. Este nº 8 cierra su primera serie de cuartetos en 1913 y culmina la vena germánica que preside su estilo. El violonchelista John Stokes lo relaciona en su presentación con la Noche trasfigurada de Schönberg, opinión acertada si nos fijamos en la densidad de sus texturas, la intensidad expresiva de sus interminables frases musicales o la fuerza de su armonía cromática. Música nada fácil, pero enormemente atractiva y sugerente. Y el estilo de Conrado del Campo integra estos rasgos en los cuatro movimientos de una obra que no decae ni un solo instante.

Programar estas obras no es fácil. Primero porque requieren de un arduo trabajo de edición, que ha realizado con mucho valor John Stokes, violonchelista del Cuarteto Bretón. Después se necesita una formación de solvencia para defender con dignidad la complejidad de la partitura, labor que cumplió con creces el Cuarteto Bretón, con su amplia y cálida sonoridad y su intensa expresividad. Y eso a pesar de las dificultades que provocó la baja del primer violín, Birgit Kolar, brillantemente sustituido por Krzysztof Wisniewski. Una formación que con su integración internacional (no quiero dejar de mencionar a Antonio Cárdenas e Iván Martín) debe ser un modelo de cómo debemos construir nuestra actividad musical.

En la primera parte del concierto pudimos escuchar, casi a modo de primicia, el reestreno del tercer cuarteto de Tomás Bretón. Aquí los músicos partían con la ventaja de la reciente edición completa de los cuartetos de Bretón realizada por Fernando Delgado. Un feliz encuentro entre música y musicología que debería ser más habitual en nuestras salas de conciertos. Ya no nos debería sorprender descubrir que Bretón fue mucho más que el autor de La verbena de la Paloma. Fue uno de los más firmes defensores de la dignidad musical de la música en nuestro país, empeñándose en géneros tan poco agradecidos en la España de su época como la música sinfónica, la ópera o esta música de cámara. Y lo demuestra con este cuarteto, una de sus últimas composiciones, con sus sonoridades más clasicistas y la integración de elementos españolistas dentro de un discurso universal.

Conrado del Campo guardó uno de sus mejores cuartetos en un cajón y Bretón llegó a estrenar el suyo. Pero ambos permanecen en el olvido desde 1913. Cien años después con gran inteligencia y sensibilidad la Fundación Juan March los programa dentro de un interesante ciclo sobre el cuarteto de cuerda en España, que cuenta con la presencia de tres cuartetos españoles: además del Bretón, podremos escuchar el Quiroga y el Arriaga. Desgraciadamente habrá que seguir rastreando en las programaciones madrileñas para encontrar estas joyas de nuestra cultura musical, desenfocadas por la fuerte luz de las estrellas mediáticas que no paran de visitarnos. Por suerte tanto Radio Clásica como la Fundación Juan March a través de su página web nos dejarán constancia permanente de estos conciertos, más allá de esta ocasión. Todo un modelo de cómo debemos construir cultura y de cómo debemos gestionar nuestros presupuestos culturales en estos tiempos de recortes y asfixia.

Víctor Sánchez Sánchez

Publicado en marzo 2013″ id=”mes” alt=”Marzo” border=”none”/>

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