Crítica
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A la búsqueda del danzar olvidado

El stylus phantasticus del Freiburger BarockConsort

Ciclo Universo Barroco, CNDM. En el Barroco de los Habsburgo. Obras de Andrea Falconieri y Johann Heinrich Schmelzer. Petra Müjellans (concertino y dirección), Freiburger BarockConsort. Madrid, Auditorio Nacional de Música, Sala de Cámara. 13 de mayo de 2015.

Después de que lo anunciara un redoble que resonó tras las puertas de la Sala de Cámara del Auditorio se vio entrar al percusionista Michael Metzler, que sostenía entre sus brazos un inmenso tambor que rugía a la par que ambos se movían hacia el escenario. Una vez subieron a las tablas del proscenio, ya pudieron los integrantes del consort, a las órdenes de Petra Müllejans, comenzar el concierto en un marcial unísono, y de esta forma arrancó un espectáculo tan original como preludiaba su apertura.

Estas improvisaciones percusivas que antecedieron a las obras conformaron el armazón del concierto, y fue gratificante recordar el creciente número de grupos historicistas que están interesados en realizar esta especie de calentamiento para los oídos del público (y para que los propios músicos entren en situación). Aunque esos momentos de espontaneidad (a menudo compartidos con otros instrumentos –como cuerda pulsada–, y utilizados como espacio para plasmar el ingenio creativo del intérprete) se suelen caracterizar por un fuerte carácter neobarroco, con una fusión de estilos contemporáneos en la que se entremezclan recursos del jazz o del flamenco (algo que en ocasiones transmite al oyente una sensación de desubicación cronológica), lo cierto es que la mesura general del Freiburger BarockConsort le hizo ser muy ecuánime en sus mezclas e invenciones. Esto resulta de agradecer si pensamos en otros conjuntos que, quizá menos templados por los años, dan a veces la impresión de haberse perdido en la silva fantástica de la postmodernidad, un “sine-baculismo” que sin duda es respetable pero que no siempre tiene relación con Monteverdi y sus colegas del Seiscientos.

El único problema que hubo en conjunto fue el que se dio con respecto a la acústica y a la proyección sonora del grupo instrumental. Ya se ha señalado en repetidas ocasiones, empezando por los celebérrimos escritos de Nikolaus Harnoncourt, la importancia de buscar salas respetuosas con la instrumentación y las posibilidades de ésta para regular el volumen del sonido. Aunque lo más probable es que se debiera a la posición que ocupábamos, sentados en la parte más alejada del escenario, desde el principio se dio una sensación de amortiguamiento y de ahogo relacionada sin duda con las condiciones de una sala tan amplia, que si bien se ha revelado óptima para otras formaciones, no permitió esta vez disfrutar con similar plenitud del conjunto historicista desde todas sus localidades. Es curioso que justo la semana anterior al concierto que nos ocupa el gran Hopkinson Smith visitase Madrid, y que por una errónea elección tocara en un auditorio (esta vez el de CentroCentro) poco acorde para la intimidad de un delicado instrumento como es el laúd renacentista. Ciertamente, resulta preocupante que desde la gestión de ciclos relacionados con el ámbito de la música antigua no se preste la suficiente atención al debate (ya antiguo en este terreno performativo) acerca de los espacios en los que se ejecutará la interpretación que, si no se resuelve salomónicamente, puede acabar dificultando de forma considerable el deleite artístico.

Por otro lado, revisando la programación reciente a nivel nacional no resulta fácil encontrar los nombres de Johann Heinrich Schmelzer o de Andrea Falconieri, que protagonizaron la velada. A pesar de los esfuerzos por grabar (en sellos como Glossa) algunas obras de este último compositor, tan decisivo para el repertorio barroco patrio (no olvidemos que trabajó para el virreinato napolitano y para la corte de Felipe IV), el impacto en los melómanos no parece haber sido epatante. Con Schmelzer (que sirvió en cambio a los Habsburgo de Viena) sucede algo similar, pues su música orquestal permanece en el olvido frente a las más frecuentes (suponiendo siempre que se interpreten una vez cada lustro) y originalmente bellas sonatas para violín. En este caso, el BarockConsort de Friburgo aportó hace algunos años su granito de arena grabando el disco Barockes Welttheater para Harmonia Mundi, donde intentan paliar la desconsideración con que el tiempo y los ajustados cánones actuales han cubierto la figura del antecesor musical de emblemáticos compositores como Biber.

Es por todo ello que resulta extraordinariamente valioso el plantearse programar semejante proyecto de arqueología musical, y habría que felicitar –esta vez sí– a los artífices de la idea. Realmente, es una lástima que no disfrutemos más a menudo de músicas como éstas, que no son sino patrimonio del –desconocido– pasado estético de todos los europeos, y que sólo pueden ser revividas por los que con sabia mano sepan gobernarlas. Pero hay veces que uno, visto lo visto, teme que quizá lo ignoto requiera demasiado esfuerzo como para desear ser explorado.

Pablo Tejedor Gutiérrez

Publicado en verano de 2015″ id=”mes” alt=”octubre” border=”none”/>

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