Crítica
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El ensueño del cisne

Vuelve Alonso con el Ballet Nacional de Cuba

De nuevo luz. Vuelve a la ciudad después de dos años El lago de los cisnes con una de las compañías de danza más consagradas de la actualidad: el Ballet Nacional de Cuba (BNC). Son 67 los años que este proyecto lleva ya en pie desde que la Prima Ballerina Assoluta, Alicia Alonso, lo fundara, así como la Escuela Nacional dos años más tarde, atravesando revoluciones en su transcurso. A su paso por España, nos deja ver un triple programa compuesto por Carmen, Las sílfides y Celeste, desplegando distintos ambientes para la Sala Roja de los Teatros del Canal.

El Lago es una obra que, si bien no gozó de éxito en la crítica de sus primeras representaciones en el Bolshói de Moscú en el año 1877, sí que lo hizo más tarde con las coreografías de Petipa e Ivánov en 1895. De esta interpretación surge la tan históricamente aclamada versión de Alicia Alonso en 1950, en la que se desecha el gusto por la pantomima anterior y se favorece sobremanera el baile, dando mayor versatilidad a la historia. No sólo es una gran producción bien planteada coreográfica y escénicamente, sino que además cuenta con un gran corpus de bailarines que dan vida a la fábula.

Ante una ausente orquesta que se echó en falta –o al menos, una versión de mejores condiciones acústicas y de mayor calidad musical sobre todo en cuestión de viento-metal– el preludio elegiaco generó el carácter fantasmagórico como capricho romántico ampliamente esgrimido durante el siglo XIX. La concepción de la música del Lago está bien manifestada en este extracto de carta: “La música tiene muchos momentos bellos, tal vez algunos de ellos incluso demasiado buenos para un ballet; pero sería un error clasificarlo dentro de las composiciones previas de Chaikovski”.1 Sus melodías delicadas y obsesionantes generan el carácter de pureza del “acto blanco”, identificando su máxima expresión en el onírico Adagio del Pas de deux del II acto. El ambiente sombrío deriva en un tercer acto contrastante con una escenografía acertada, representando la frivolidad de la corte y los bailes de carácter popular.

Después de las danzas rusa, española y napolitana –ante un gran elenco de solistas interrumpidos por abundantes aplausos al término de cada número– llegó el famoso Pas de deux y los 32 fouettés técnicamente perfectos de Odile (Anette Delgado), desarrollados con la aparente facilidad que remeda a la técnica de Natalia Osipova.

El carácter de los protagonistas quedó perfectamente configurado, como ya realizaron en la anterior producción del Lago en su paso por España en septiembre de 2013. Destacando Dani Hernández como Siegfried por su capacidad actoral y su gran técnica, llegó a su cénit expresivo en el comentado Adagio, acompañado por Delgado (Odette). La princesa-cisne lució su elegante movimiento de brazos y demarcó la gran diferencia con una, no tan depurada, Odile del III acto.

En otro plano similar quedó el Pas de trois marcado por Gabriela Mesa, Estheysis Menéndez y Luis Valle, despuntando este último por su técnica en saltos y presencia escénica. El bufón (Maikel Hernández) fue otro personaje cargado de importancia que derrochó carisma en el escenario, introdujo recursos acrobáticos y conectó en esta versión los actos I y III, con mayor agilidad en este último.

El baile de los cisnes representa una configuración de formas geométricas durante el II acto que, junto con detalles mínimos de la posición de las manos y muñecas quebradas que imitan la cabeza del cisne, hace inconfundible la pincelada de Alonso, un equilibrado maridaje entre la tradición y la modernidad interpretativa. El final propuesto por la versión de la directora fue el primitivo, en el que Sigfrido logra romper el hechizo de Rothbart y las doncellas y princesa-cisne vuelven a su forma humana, permitiendo así la boda entre el príncipe y Odette.

La gran Alicia Alonso, a sus 94 años de edad y toda la carrera brillante como bailarina y fundadora del BNC por detrás, subió al escenario durante la larga tanda de aplausos merecidos. No sólo ha sido una de las mejores bailarinas del siglo XX, sino que ha sido la inspiración de pasadas y venideras generaciones de cubanos que ya conciben el ballet dentro de su alma.

 

María Elena Cuenca Rodríguez

1 Carta de Nikolay Kashkin a Anatoliy Brandukov, 12/11/1867, citada en Anthony Holden, Tchaikovsky. A Biography. New York: Random House, 1995.

Fotografía: Teatros del Canal.

Publicado en octubre 2015″ id=”mes” border=”none”/>

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