Enroque

Buscando otros estados de conciencia al habitual en nosotros me retrotraigo al pasado unos 35.000 años, momento en el que aquí, en el viejo continente, el Homo Sapiens se erige para siempre como especie suprema dentro de los homos, habiendo dejado atrás hacía 5000 años a los neardentales, con lo que convivimos un laxo periodo de tiempo. Cierto que para encontrar esos estados alterados de los que hablo no hace falta que viajemos tan lejanos en el tiempo, pero ¿y por qué no? No es habitual hablar del hombre sobre estas fechas a menos que tratemos de una revista científica especializada; pero pienso que debiéramos tenerlo algo más presente. Fue por aquel entonces cuando comenzaron a surgir las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad. Teorías antiguas hablaban de este periodo como el de la “explosión creativa”… ¡Nacimos! pero ¡cómo les gustaría a muchos retrotraer al homo muchos miles de años antes del 35.000! ¡Morirnos! Lo grave es que por una inercia ridícula nos hemos empequeñecido, obedeciendo esas normas que tiran de nuestras vidas guiándonos a la deshumanización y a la ridiculez vital más absoluta. El círculo por el que nos movemos cada vez es más pequeño: nos llenan la vida de normas absurdas; día a día el ser humano se va volviendo más inútil (y no titubeo al decirlo). Así que sí, ¿por qué no mirar al pasado? Pero nunca con ojos nostálgicos ni espíritus del pesimismo, sino con el afán de intentar encontrarnos de nuevo, de recuperar la memoria y volver a sabernos.

Fotografía: Carsten Peter.

Publicado en marzo/abril 2014

 

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