Crítica
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Kent Nagano en Madrid

Un binomio plausible

Auditorio Nacional, 28, 29 y 30 de marzo de 2014. Ciclo Sinfónico de la Orquesta Nacional de España. Dir.: Kent Nagano, Yves Savary (violonchelo). Obras de: Arnaldo de Felice y Gustav Mahler.

Dos caras de una misma moneda. Yin y yang. Oriente y Occidente. ¿Un concierto sin descarado afán virtuosístico con orquesta a dos, o una gigantesca sinfonía tardorromántica? ¿Un acogedor jardín japonés frente a una estruendosa marcha fúnebre? ¿La pura autoconciencia del momento frente la retórica más grandilocuente? En definitiva, una obra nueva frente al repertorio decimonónico habitual en las salas sinfónicas.

La propuesta, vinculando este planteamiento a un director de origen asiático formado en occidente como Nagano, no está exenta de una cierta ironía por parte de los programadores. Un servidor no necesitó moverse de su asiento para escuchar los comentarios de cierto segmento del público (al que no sabría si denominar minoritario) contraria a la incursión de la primera de las dos obras del programa, que habría eliminado de buena gana. Me refiero al encargo de la OCNE, Al di là degli alberi, para violonchelo y orquesta, que como bien se indica en el programa, no pretende ser una descripción de un lugar sino la expresión de una sensación muy personal y concreta. Se trata de un concierto para violonchelo y orquesta a dos, que estuvo bien interpretado por el solista Yves Savary a pesar de ser una propuesta difícil de lucir en un recital de estas características. La partitura está claramente seccionada dentro de las dos partes que contiene. Sobresalen el pasaje de la cadencia del solista, momento de la mayor muestra de posibilidades tímbricas del instrumento, y el segundo movimiento, tratado de un modo más rítmico con ostinatos y juegos de acentuaciones. En el plano tímbrico podrían destacarse algunas de las bellas sonoridades puntuales, derivadas probablemente de lejanos parciales de algún espectro dado, junto con esos penetrantes y en ocasiones hirientes trémolos de la gran caja junto a las cuerdas más graves. Se puede percibir una especialización de los registros en las texturas de los pasajes más llenos, cierta polarización en los extremos grave-agudo. Para finalizar este apartado, uno no puede hacer otra cosa que pensar en los elementos de los jardines japoneses (roca, puente, agua…) evocados por Takemitsu como referencia (no tan cercana en realidad) para el compositor Arnaldo de Felice. Aplaudimos el gesto de gallardía de posicionarse con una propuesta de estas características frente a la descomunal sinfonía que estaba por llegar en la segunda parte, y a la tibieza del público en líneas generales.

He aquí que nos encontramos con una enésima versión de la Quinta Sinfonía para gran Orquesta de Mahler. Probablemente ávido lector, llegados a este punto en el que cualquiera puede escuchar una veintena de referencias históricas en YouTube de la obra, usted no necesita que le introduzca ningún tipo de recomendación y menos que le repita el impacto que tuvo cierto movimiento en una película de Visconti. Nosotros no vamos a entrar en comparaciones y, sin embargo, nos vamos a centrar en la corporeidad del objeto sonoro que en esta experiencia única aconteció.

Entra la trompeta con el celebérrimo solo. Algo dubitativa y con cierta precipitación. Se trata de un momento muy importante y de máxima tensión para el instrumentista y todos en la orquesta lo saben. Una vez asentada la potente, y desde mi punto de vista excesivamente climática en esta ocasión, sonoridad del primer movimiento el trompetista pudo resolver esta parte de la obra con solvencia.

Es muy complejo resumir tal cúmulo de sensaciones de una obra que tiene prácticamente pasajes de todo tipo en tan pocas palabras. Debemos mencionar la labor de Nagano, cuyo gesto fue decisivo en algunos excelentes rubatos relacionados con sonoridades vienesas, sobre todo en el segundo y el cuarto movimiento. El tercer movimiento fue excelente, dentro de que el concepto sonoro de la partitura del que escribe la crítica y de gran parte del público está muy influenciado por las grandes grabaciones de la historia (un tipo de referencia en la que influyen múltiples variables sobre el resultado de la mezcla final y que conviene obviar en estos casos).

El final de la sinfonía fue verdaderamente emocionante, gran punto culminante muy claramente ejecutado y con un resultado a nivel acústico excelente en el corte de la sonoridad de los metales. Llegó la ovación cerrada, especialmente para el trompista, justo triunfador de la velada de entre todos los instrumentistas.

Óscar Martín Alonso

Imagen: Theo Zasche, borrador para la caricatura Mahler dirige su Sinfonía nº 1 en re mayor.

Publicado en abril 2014

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