Crítica
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Genuino be-bop en pleno siglo XXI

Final Touch of Jazz, último trabajo del pianista Najponk

Final Touch of Jazz, Najponk, George Mraz, Matt Fishwick; Animal Music, 2015.

Final Touch of Jazz es el atrevido título del último lanzamiento del pianista Najponk (Górlovka, Ucrania, 1972). Acompañado por George Mraz (Pisek, Rep. Checa, 1944) al contrabajo y por Matt Fishwick (Manchester, Reino Unido, 1976) a la batería, publica el que es ya su décimo álbum en este formato de trío. Siguiendo la tendencia de los anteriores, vuelve a visitar standarts y temas clásicos del jazz (más concretamente del be-bop y el hard-bop) en los que la precisa y elegante forma de tocar del pianista ucraniano luce más que en ningún otro estilo. Legendarios pianistas como Thelonius Monk o Wynton Kelly, y otras grandes figuras de la historia del jazz como Ron Carter, son algunos de los autores de las piezas que componen este disco, en el que el trío de Najponk nos ofrece su propia visión de estos temas respetando al máximo las versiones originales.

Este álbum se entronca en la larguísima tradición jazzística del trío formado por piano, contrabajo y batería y sin duda recuerda a otros míticos tríos de be-bop como los de Bud Powell o Red Garland. La base rítmica que acompaña a Najponk completa y redondea todos y cada uno de los cortes, siendo el complemento perfecto a los solos del pianista y sobresaliendo en sus propias improvisaciones. Hablar de George Mraz es hablar de una de las grandes figuras del jazz europeo de todos los tiempos. Su poderío acompañando le ha llevado a tocar con músicos de la talla de Oscar Peterson, Dizzy Gillespie o Chet Baker. En Final Touch of Jazz escuchamos este empuje de sus líneas de walking pero también asume un gran papel protagonista (tal y como este formato requiere) en los solos de “After You’ve Gone” o “Sam Sack”, que nos recuerdan en muchas ocasiones a los que llevaron a Paul Chambers a ser el gran contrabajista del hard-bop en los años 50. Matt Fishwick permanece en un mayor segundo plano que Mraz, limitándose a acompañar las improvisaciones de sus compañeros de forma correcta y con un tempo sólido pero pasando al frente del grupo en sus enérgicos solos, la mayoría de ellos alternados con los de piano en grupos de cuatro (“Hackensack”)u ocho compases (“Minority”).

El tracklist también nos recuerda a los discos grabados en la década de los 50 ya que incluye una balada (“For All We Know”),un tema a tempo rápido (“Minority”),un blues (“Kelly Blue”)… Destaca el décimo corte, “For All Swingin’ Cats / Don’t Forget Lester Young”, por ser el único compuesto por el propio Najponk. A pesar de ello mantiene la línea hard-bop del resto del disco. Con una melodía de piano que se alterna con pequeñas improvisaciones del contrabajo y un tempo medio, esta composición del ucraniano parece pensada para esta formación. En el solo de piano aparecen todos los recursos de Najponk: precisión, elegancia, un fantástico fraseo, etc., todo acompañado por las sólidas líneas de Mraz y las escobillas de Fishwick. Tras esto, llega el turno del contrabajo, que nos presenta la versión más melódica del músico checo, olvidándose momentáneamente de los pasajes virtuosísticos para construir un solo con introducción, nudo y desenlace a través de frases de una gran fuerza.

Estamos, por tanto, ante un álbum perfectamente ejecutado y de un elevadísimo nivel jazzístico. Sin embargo, la publicación en pleno siglo XXI de un disco estilísticamente muy similar a lo que se hacía hace 60 años no supone una gran aportación al mundo del jazz. Ciertamente el be-bop y el hard-bop son la base del género desde los años 40 hasta hoy en día, pero es necesario buscar caminos para evolucionar a partir esa base como han hecho ya infinidad de artistas. La gran aportación de Final Touch of Jazz es sin duda el sonido. Grabado en HAMU Studio (Praga), este álbum nos permite escuchar claramente elementos como el contrabajo en su registro más agudo o algunos recursos de la batería que en las grabaciones de los años 50 eran difíciles de distinguir. Los tres instrumentos se perciben con una asombrosa claridad y nitidez, lo cual permite disfrutar al máximo de la química creada entre los tres músicos en el estudio.

Probablemente hablar de “toque final del jazz” sea demasiado pretencioso. De lo que sí podemos hablar es de un disco en el que tres músicos de primerísimo nivel se juntan para regalarnos su propia visión de clásicos del hard-bop. Todo ello está acompañado de un espectacular sonido y un interesante artwork que lo empaqueta. Casi una hora de disfrute jazzístico en la que tanto entendidos en este estilo como aficionados podrán apreciar la calidad musical de este trío.

Rodrigo García Sevilla

Imágenes: Juán Francés Gandía y Challenge Records (portada).

Publicado en febrero 2016

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