El moderno Madrid I

La Residencia de Estudiantes

“Nosotros, los compositores del Grupo, aspirábamos a escribir una música pura, purgada del folklore de pandereta, de la contaminación literaria o filosófica, de la exhibición de sentimientos primarios […]. Nuestro objetivo consistía en hallar una solución a la necesidad de renovar el lenguaje musical español y unirnos a las corrientes de pensamiento europeo”.

Estas palabras, pronunciadas por el compositor y crítico Rodolfo Halffter, miembro del llamado Grupo de los Ocho, pero también Grupo de Madrid o Generación del 27, reflejan aquello que perseguían los músicos que pertenecieron al mismo. Estos principios de renovación y europeísmo no fueron aislados en este grupo de compositores, sino que encontraban su germen en los principios que consolidaban la institución que los vio nacer: La Residencia de Estudiantes.

Corría el año 1910 cuando Alberto Jiménez Fraud, motivado por las ideas de la Institución Libre de Enseñanza que había fundado Francisco Giner de los Ríos en el último cuarto del s. XIX, creó la Residencia de Estudiantes, siguiendo los principios krausistas que imperaban en la Institución Libre. Lo que más interesaba, además de servir de hogar a aquellos estudiantes universitarios desplazados a Madrid, era promover un ambiente cultural y de intercambio de ideas sin precedentes en España, para intentar conseguir una educación integral de la persona en los variados campos del conocimiento, huyendo de la especialización. Su objetivo podía resumirse en un principio, en sus propias palabras: “el amor a la verdad y a la belleza”. Por el corte liberal de las ideas que esta casa promulgaba, sufrió presión y vigilancia bajo la dictadura de Primo de Rivera (proclamada en 1923) aunque, gracias a la mediación de varios aristócratas españoles e ingleses, la institución siguió su andadura. La especial relación con Inglaterra, de la que admiraban aspectos como su estilo de vida o sus universidades, se selló con la creación del Comité Hispano-Inglés, el cual, junto con la Sociedad de Cursos y Conferencias, también creada al amparo de la Residencia en los primeros años 20, fueron las dos instituciones responsables de las actividades más importantes de esta casa dentro de las corrientes de pensamiento y de las vanguardias europeas. Así, gracias a estas instituciones, visitaron la Residencia personalidades destacadas en cualquiera de los ámbitos del saber. Por otra parte, el poeta Federico García Lorca, el cineasta Luis Buñuel o el pintor Salvador Dalí, entre otros muchos, habitaron la Residencia en estas fechas de máximo esplendor. No cabe duda de que dentro de la casa vivieron, permanentemente o de paso, personalidades que dejaron una profunda huella, pero, ¿era la Residencia la que conseguía inculcar a sus miembros esos principios vanguardistas y europeístas, o fue la mentalidad “moderna” y de necesaria apertura que tenían algunos de sus residentes lo que convirtió a esta casa en el referente que es a día de hoy? Como todos los procesos, tanto culturales como sociales, artísticos o políticos, es la suma de las partes la que lleva al todo: estas personas, tan relevantes en distintos ámbitos del pensamiento y del saber, no se habrían desarrollado completamente sin la Residencia y, ésta no habría tenido razón de ser sin ellas. Hablamos entonces de retroalimentación.

La música era un elemento presente en todos los rincones de la casa, como la poesía, la filosofía o las artes plásticas. El propio Jiménez Fraud impulsaba todas las actividades musicales, pero era Jesús Bal y Gay quien las coordinaba. Éste era el vocal de deportes de la Residencia, sección donde estaba integrada la música por ser, a su juicio, “una actividad desinteresada, que se realiza por gusto y placer”. Así, la música se vivía como elemento estructural, no como ornamento, y había actividades musicales muy variadas, desde las veladas alrededor del viejo piano del salón, a los concierto-conferencia que hubo de compositores como Ravel, Milhaud, Poulenc o Stravinsky, pasando por la creación de un Orfeón formado por residentes y que contaba con más de cien voces, o la publicación de artículos relacionados con la música en la Revista de la Residencia y las ediciones de música española en las Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. También estaba muy presente la música en la vida cotidiana, gracias a los aparatos de reproducción y a las emisiones radiofónicas; fue así como los residentes comenzaron a conocer y amar el jazz. Destacados compositores del momento, como Manuel de Falla u Óscar Esplá eran visitantes asiduos de la Residencia en sus estancias madrileñas y colaboraban con ella en numerosas ocasiones. Además, entre sus instalaciones, había un auditorio para conciertos o conferencias, donde actuaron intérpretes tan renombrados como Andrés Segovia o Wanda Landowska. En este ambiente tan propicio, era inevitable que se conociera profundamente y se amara la música, sobre todo aquella que allí escuchaban: formaba parte de sus juegos, de sus momentos de evasión, se divertían con ella y, gracias a los compositores e intérpretes que visitaron la Residencia constituiría, para los residentes, el arte de más rabiosa vanguardia internacional.

Aparte de los ideales que perseguía la Residencia y que inculcó a sus miembros, se dieron intercambios muy enriquecedores entre ellos mismos, pues eran personas realmente interesadas y motivadas por muy diversos ámbitos del pensamiento. Como ejemplo, las colaboraciones que se dieron entre poetas y músicos, como Rafael Alberti en su primer libro, Marinero en tierra (1925), con canciones de Gustavo Durán y de los hermanos Rodolfo y Ernesto Halffter, o la vocación musical que tenían poetas como Federico García Lorca o Gerardo Diego. Especialmente relevante es el contacto que los residentes mantuvieron, en cierta forma, con la Etnomusicología: todos conocían el Cancionero de Pedrell, que les había causado una gran impresión y coincidían en la necesidad de preservar las canciones y costumbres populares, mostrando su preocupación por su posible pérdida para las generaciones venideras. Eduardo Martínez Torner, desde el Centro de Estudios Históricos, colaboraba asiduamente con la Residencia y sus artículos fueron publicados en la Revista Residencia. Incluso en los cursos de verano para extranjeros que allí existían, dirigidos por Pedro Salinas, se daban lecciones de música popular española. Es llamativo el trato que recibía la música popular y cómo intentaban rebasar fronteras con ella cuando, durante muchos años, antes y después de estos hechos, hemos infravalorado la música que nos identifica.

Un hecho que marca un hito en la historia de la música española, fue el concierto-presentación del Grupo de los Ocho en la Residencia de Estudiantes, en diciembre de 1930, pero, para entender su contexto, digiramos primero los ingredientes que allí se cocían…

Lucía Donoso Madrid

Artículo publicado originalmente en Jugar con fuego. Revista de musicología

Archivo histórico: entre febrero 2011 y enero 2012

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