La Semana de Música Religiosa cumple 50 años

25 conciertos para combatir la crisis

 

50 Semana de Música Religiosa de Cuenca. 16-24 de abril 2011. Teatro Auditorio de Cuenca, Iglesia de San Miguel, Espacio Torner, Iglesia de la Merced, Museo de Arte Abstracto, Fundación Antonio Pérez, Monasterio de Uclés, Fundación Antonio Saura, Iglesia de Arcas.

En este 2011 Cuenca ha sido, una vez más, la feliz cita ineludible para todo melómano que se precie durante la Semana Santa, y es que desde aquel primer concierto que tuviera lugar un 17 de abril de 1962, son ya 50 ediciones las que la Semana de Música Religiosa lleva a sus espaldas. Para celebrarlas la organización ha preparado una “tarta” de conciertos lo suficientemente grande y exquisita como para soportar esas 50 velitas de cumpleaños.

A los felizmente habituales conciertos que rescatan músicas de otros tiempos aunando investigación con interpretación, la apuesta por la música actual con las obras de encargo y las exposiciones artísticas, hemos de sumar unas interesantes Jornadas de Monasterios y Música, las producciones propias (como la coreografía A Masque for Dancing de la Compañía Plan B para Job) y las novedades de este año: la I Academia de órgano Julián de la Orden y el Ciclo Tomás Luis de Victoria, que responde a la celebración del 400 aniversario de la muerte del abulense de la mejor manera, que es llevando su música a diferentes localidades de la provincia (desde Sisante a Huete pasando por el que se ha denominado “El Escorial de La Mancha”, el Monasterio de Uclés), donde quizá no es tan habitual escuchar su polifonía.

Sin ninguna duda una de las señas de identidad de la Semana son las obras de encargo, en cuyas listas figuran grandes de la composición como Rodrigo, Esplá, Mompou, Halffter (Rodolfo, Ernesto y Cristóbal), Marco o de Pablo, sólo por mencionar algunos, hasta los más recientes en este 2011: el Apocalipsis de Jesús Torres, interpretada por el coro francés Accentus, y Aunque es de noche, del conquense Manuel Millán de las Heras.

Si el pasado año el país invitado fue Méjico, este año le ha tocado el turno a Francia y eso se ha notado en la exposición de fotografías y videoinstalaciones de la artista francesa Axelle Fossier y en la presencia diaria de grupos venidos del país galo como el Ensemble Intercontemporain o la contralto Nathalie Stutzmann, a quien pudimos ver recientemente en el Auditorio Nacional de Madrid con un repertorio liderístico –Mahler, Schumann, Wolf…– más habitual en su carrera, y del que ahora se desmarca interpretando –y dirigiendo– a Vivaldi con su grupo Orfeo 55.

Les Talens Lyriques, que este año celebran su 20 aniversario, con su director y fundador Christophe Rousset al frente, nos traen el estreno en España del oratorio –y primer drama sacro– de Pergolesi San Guglielmo d’Aquitania. Derrotó Guillermo al fútbol en la noche en que se jugaba la final de la Copa del Rey con el aplauso de un público que no quiso perderse una velada en la que la orquesta supo realizar una labor brillante sin robar, sin embargo, un ápice de protagonismo a los solistas, entre los que destacaríamos la magnífica interpretación de la soprano Sabina Puértolas en el papel de San Bernardo/Padre Arsenio, de técnica depurada y pianissimi delicados, en contraste con la participación poco afortunada del sopranista que nos ofreció un ángel de voz algo seca y estridente.

Una selección de las cantatas de Bach –no podía faltar el maestro alemán a una cita como ésta– fue el repertorio elegido para la participación de Gustav Leonhardt al frente de la Orquesta Barroca de Sevilla. Si existe un especialista en Bach es el holandés, y lo hizo notar en la noche del Viernes Santo ofreciéndonos una interpretación históricamente coherente –como todas las suyas– marcada por la acústica de la Catedral, y que resultó magnífica, salvo algún desajuste ocasional en las cuerdas allí donde el variolaje convierte el violín en un instrumento polifónico (quien afirme que es éste un instrumento melódico, incapaz de tocar a la vez varias melodías, es que no conoce la obra de Bach).

Siguiendo con la estela de grupos franceses en la Semana, la iglesia románica del pequeño pueblo de Arcas fue el escenario para la particular visión del Codex Las Huelgas de Brigitte Lesne y su conjunto de voces femeninas Discantus que acompañándose de unas campanas a modo de carillón y de forma muy medida emularon a las religiosas del monasterio burgalés en sus cantos de Ars Antiqua.

Para deleite de sus incondicionales, Marcel Pérès y su Ensemble Organum llevaron a su terreno el repertorio dominico con su visión personalísima, siempre muy ornamentada, sus improvisaciones, isocrátimas y guiños al canto corso.

En homenaje a Tomás Luis de Victoria pudimos oír al Ensemble Plus Ultra del infatigable Michael Noone ejecutando la polifonía en alternatim con el canto llano de la Schola Antiqua de Juan Carlos Asensio, al que siempre es un placer encontrar en Cuenca año tras año. La Iglesia de San Miguel, del siglo XII, sirvió de marco para una interpretación limpia y nítida –si bien, en el caso del grupo de Noone, algo desequilibrada hacia los timbres agudos– de las Lecciones de Tinieblas V, VI y VII.

El domingo de Resurrección fue la fecha clave elegida para el primero de los 12 conciertos que en el marco de la I Academia de órgano Julián de la Orden –nombre del que fuera constructor de los dos órganos de la catedral en 1770–, tendrán lugar hasta mediados de septiembre en que comenzará un curso de interpretación. La instauración de este ciclo y curso pudiera parecer no fuera de lo común, pero si tenemos en cuenta que estos dos órganos son los órganos barrocos más antiguos de España y los únicos que han sido completamente restaurados –el de la Epístola en 2006 y su gemelo del Evangelio en 2009, y afortunadamente siguiendo criterios historicistas–, podremos hacernos una idea de su relevancia. Resulta muy satisfactorio pensar, además, que no se ha caído en la a veces habitual “ya lo hemos restaurado, ahora a ver qué hacemos con esto” y que el dinero invertido ha sido desde el principio bien utilizado.

Con los 25 conciertos programados en esta ocasión la organización nos da una lección de cómo se puede “torear” la crisis –reflejada en una reducción en las subvenciones– con una búsqueda eficaz de nuevos patrocinadores. Así, donde otros recortan escudándose en los malos tiempos, la SMR sabe cómo mejorar y llevar a más un proyecto que –por algo será– lleva ya 50 años en escena.

Ana M. del Valle Collado

Artículo publicado originalmente en Jugar con fuego. Revista de musicología

Archivo histórico: entre febrero 2011 y enero 2012

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