Repensando la enseñanza instrumental

“Practice is a means to an end, not an end in itself”

The Practice Revolution: Getting great results from the six days between music lessons, Philip Johnston, PracticeSpot Press, 2002. ISBN: 0-9581905-0-X.

La sesión semanal de clase representa una fracción muy pequeña del tiempo que un alumno necesita para aprender a tocar un instrumento. A lo largo de las más de trescientas páginas de este libro Philip Johnston desgrana diferentes aspectos de la enseñanza y el aprendizaje instrumental con un objetivo primordial: cómo enfocar nuestras clases para sacar el máximo partido de los seis días que transcurren entre cada lección.

Una de las ideas principales del libro es promover un cambio de mentalidad en relación al estudio. Consiste en pasar de un enfoque cuantitativo, construido en torno a la cantidad de tiempo empleado (time-oriented) a un estudio cualitativo fundamentado en la obtención de resultados concretos (goal-oriented).

Johnston comienza por enfatizar la importancia de la precisión y la concreción en las indicaciones que damos a nuestros alumnos. Para el autor esas instrucciones deben ser muy específicas y dirigidas a solucionar problemas concretos. El análisis de las dificultades de los estudiantes juega un papel muy importante en este proceso: solo conociendo el motivo del problema podremos afrontarlo con garantías de éxito. Además las causas pueden ser múltiples y en ocasiones no tan evidentes como puede parecer a simple vista. Por este motivo el autor dedica un extenso capítulo (“Common Practice Flaws”) a identificar y describir los problemas más habituales que se encuentran en la práctica instrumental (repetición sin objetivos, estudio sin método específico, estudio apresurado…) proponiendo soluciones específicas para cada situación.

El siguiente capítulo, titulado “Why Students don’t Practice”, es quizá el más revelador del texto. En él Johnston enfatiza la relevancia del papel del profesor en el decisivo proceso de adquisición del hábito de estudio por parte del alumno. El estudio está íntimamente relacionado con la motivación, pero para el autor la motivación (o la desmotivación) es un síntoma, es decir, es la manifestación de otros factores. En muchos casos, comenta Johnston, no es que el alumno no quiera estudiar, sino que carece de las herramientas necesarias para estudiar de una manera autónoma, una carencia que se vuelve más acusada cuanto más jóvenes son los alumnos. El papel del profesor es proporcionar estas herramientas que, con demasiada frecuencia, damos por supuestas. Johnston aborda aquí entre otros temas: la capacidad de organización del tiempo (time management skills), los problemas de lectura, el ambivalente papel de los padres (desde la falta de apoyo hasta la interferencia) y la carga de trabajo excesiva. La relevancia de este capítulo la resume Johnston en un par de frases a mi modo de ver realmente acertadas: “Nada desmotiva más que darse cuenta de que tu esfuerzo ha sido en vano […]. Si no puedes ayudarles a practicar de una manera más efectiva acabarás perdiéndoles”.

El libro se completa con la presentación de estrategias concretas dedicadas a cada una de las fases del aprendizaje de una obra: el aprendizaje de una pieza nueva, su afianzamiento, la memorización, el camino hacia la ejecución a tempo, el perfeccionamiento de los pasajes complicados, la identificación personal con la obra (making the piece their own) y la preparación del concierto/examen. En cada caso Johnson hace una descripción precisa del cometido y propone una serie de estrategias especialmente diseñadas para alcanzar los sucesivos objetivos. Por ejemplo, en la etapa de afianzamiento de una obra Johnston propone “juegos de presión” (pressure games) destinados a “crear un marco de estudio que favorezca la concentración del alumno, a su vez ayudándole a identificar secciones que se muestran inseguras bajo presión”. No se trata de un apartado especialmente innovador y varias de las estrategias presentadas, como el método del metrónomo (comenzar a estudiar un pasaje en un tempo lento e ir aumentando la velocidad muy poco a poco) o las distorsiones rítmicas, resultarán con seguridad familiares a la mayoría de los lectores.

Además de identificar problemas y afrontarlos con ejercicios específicos el autor enfatiza la necesidad de un paso más: la autoevaluación. Según Johnston para completar el proceso de estudio semanal el alumno debe saber evaluar con certeza cuándo los objetivos han sido logrados.

El autor nos habla también de las posibilidades de las TIC en el aprendizaje, especialmente en lo relativo al seguimiento personalizado del alumno durante la semana entre las clases (el libro es de 2002, cuando estas posibilidades eran una novedad). Se ha avanzado mucho en ese campo desde entonces y la disponibilidad de recursos es hoy mucho mayor, sin embargo, las ideas generales expuestas por Jonhston mantienen plena validez.

Ciertamente no encontrarás en este libro recetas mágicas ni soluciones milagrosas que te conviertan en el profesor perfecto. Lo que sí descubrirás es un abanico de herramientas y estrategias encaminadas a afrontar situaciones concretas. Para un profesor novel (como el que suscribe) los consejos de Johnston ayudarán a identificar con precisión los problemas que pueden surgir durante la enseñanza así como diversas formas de afrontarlos. Los docentes con experiencia reconocerán sin duda muchas de las situaciones explicadas por el autor y quizá puedan verlas bajo una nueva luz, descubriendo nuevos caminos en el complejo proceso de la enseñanza instrumental.

Miguel Vicente García
@MusicoTeorico

Publicado en febrero 2014″ id=”mes” alt=”Febrero” border=”none”/>

 

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