Crítica
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El ruido sugerente

La Biblioteca Nacional de España nos invita a soñar

Jazz en la BNE. El ruido alegre (catálogo de la exposición), Jorge García García (Comisario), Biblioteca Nacional de España (2012), ISBN: 978–84–9835–523–9.

¡Un Vals, un Fox, un Charleston! Y al Terminar, el Cabello Continúa Alisado, así reza el eslogan de la publicidad de un fijador para el cabello de finales de los años veinte. Esto, que pudiera parecer anecdótico, es muestra de cómo la cultura americana del jazz iba cobrando poco a poco mayor protagonismo en la España de la época. Y no solo fue el público quien le abrió las puertas a esta nueva música, sino que, como un golpe de aire fresco, el jazz se colaba en la escena teatral y en la vida social de la España de tránsito de la dictadura de Primo de Rivera a la República. Si bien tuvo que convivir con el rechazo de unos pocos, cualquier recelo sería pronto aplastado por el entusiasmo con el que numerosos compositores de música escénica comenzaban a incorporar los recursos propios del género a sus obras y lo alababan otros artistas como Dalí, Buñuel o Gómez de la Serna, solo hay que recordar el jazbandismo de este último. Y de ahí, desde sus comienzos, el jazz ha sabido quedarse; más allá que como simple turista, ha sabido beber de las fuentes locales hasta adquirir un sabor propio en una larga andadura hasta los tiempos actuales. Para contar el recorrido de esta música en nuestro país la Biblioteca Nacional de España ha programado hasta el próximo 24 de febrero la exposición El ruido alegre. Jazz en la BNE junto con numerosas actividades

Son días en los que el jazz, generalmente alejado de las secciones de actualidad, cobra protagonismo con la noticia de la muerte del fundador del glorioso Festival de Montreux y, por otro lado, el muy merecido premio de la Academia Francesa de Jazz a Jorge Pardo como Mejor Músico Europeo de Jazz. Así que, bien llevados por la agridulce actualidad jazzística, o bien simplemente con esta música en mente, no podemos dejar de pasarnos por el Paseo de Recoletos para, además de felicitar tardíamente a una institución que el pasado año cumplió nada más y nada menos que 300 años de historia, dejarnos llevar por la esmerada selección de manuales, folletos, artículos en periódicos y revistas, fotografías, partituras, fotografías, carteles, y un largo etcétera que Jorge García, comisario de la exposición, ha escogido de entre los numerosísimos fondos con que cuenta la BNE.

La exposición en sí no es de grandes dimensiones físicas, no se corresponde con ese formato tan habitual hoy en día de grandes pasillos y numerosísimas salas con llamativas ilustraciones en enormes telones. El ruido alegre no es nada de eso, no pretende impresionar. Podemos pasearnos por la muestra y tardaremos poco más de 10 minutos en recorrerla o si no, podemos, rodeados de ese ambiente tan jazzístico de luz tenue que se ha intentado recrear, pararnos en cada uno de los expositores y contemplar y leer y meditar de manera sosegada, tal y como se lee una partitura, todo lo que en tan poco espacio se nos ofrece. Realmente merece la pena. Y cuando uno tenga ya la libreta llena de anotaciones, tras solo unos pocos metros recorridos decidirá, sin duda, comprarse el catálogo –magníficamente editado con gran cantidad de ilustraciones a color y un texto imprescindible de Jorge García– y dejarse llevar por el ritmo de una música no siempre alegre pero siempre estimulante. Y al salir, ya con el catálogo bajo el brazo, esperar que el autobús no tarde para llegar enseguida a casa y poder sumergirse de nuevo y leer, y escuchar, y quien sepa y pueda, tocar.

Ana M. del Valle Collado

Publicado en febrero 2013″ id=”mes” alt=”Febrero” border=”none”/>

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