Crítica
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Escúchalo en SpotifyLa luz láser y la electrónica nos salvarán

La evolución del impresionismo

Festival Sónar Barcelona 2015. The Well. Korelles + Emmanuel Biard. Sónar Complex. 18 de junio de 2015.

The Well es uno de los espectáculos internacionales que más fama está alcanzando y no es para menos. Este show nació de la mano de un galés residente en Glasgow y un francés residente en Manchester a los que les gustan mucho las tecnologías, especialmente su uso e innovación sobre el propio escenario, dando gran importancia al proceso creativo en sí mismo.

Lewis Roberts (1991) más conocido como Koreless es un productor de música electrónica dentro de la firma Young Turks. En 2014 se unió al artista visual Emmanuel Biard para dar una nueva perspectiva sonora a su creación The Hall, un espejo convexo de piel flexible, como si de una lente se tratara, que refracta la iluminación emitida por un láser, pudiéndose dar combinaciones de varios rayos de luz, destello, o múltiples refracciones. El resultado se presentó en el Festival FutureEverything de Moscú en el mismo año, teniendo como integrantes a cuatro bajos de The Intrada Choir, formación rusa dedicada, por lo general, a la interpretación renacentista y barroca. Éstos eligieron una serie de palabras de letras de canciones tradicionales rusas que iban introduciendo en canon y modulando continuamente, lo que originaba una vibración del cristal convexo que modificaba los haces de luz del láser, al mismo tiempo que Koreless producía su propia música electrónica sobre el escenario.

En Sónar Barcelona 2015, los cantantes rusos no estaban presentes, pero eso no hizo disminuir el impactante efecto del espectáculo comisariado por el Festival FutureEverything de Manchester, donde fue presentado en febrero de 2015.

En realidad, es una representación que angustia; en un recinto cerrado con capacidad para 1000 personas como tiene el Sónar Complex, la combinación de oscuridad, láser y sonidos electrónicos tan modulantes te hacen sentir pequeño, pero a la vez pletórico, como si fueras una ameba en medio del Big Bang.

La intención de Emmanuel Biard y Koreless es la investigación en escena sobre la sensación que produce la modulación entre diversos tonos de distancias muy separadas entre sí, y comprobar qué es lo que se genera en ese espacio musical intermedio al unir los pulsos y los sonidos electrónicos, materializándose al mismo tiempo en luz en movimiento. Por tanto, se unen la percepción auditiva con la visual.

Tal es el sobrecogimiento que te olvidas de respirar hasta tal punto que yo casi salgo morada por aguantar la inspiración. Bien es cierto que estaba un poco nerviosa antes de entrar porque llegaba tarde y dejé a mucha gente detrás esperando en la fila –en un recinto de 1000 personas, vuelvo a incidir–; sin embargo, más nerviosa me puse todavía cuando vi completa oscuridad y de repente una luz cegadora que me dejó paralizada a medio camino entre el pasillo y el asiento. A duras penas alcancé a sentarme cuando las paredes temblaron por la resonancia; aquello empezaba fuerte y no sabía si iba a soportarlo, pero luego fue cambiando, poco a poco, de un registro a otro, con Koreless sentado en el suelo manipulando su mesa de mezclas y detrás de él aquella lentilla gigante con leds en los bordes. Ambos parecían obedecer al mismo cerebro: o estaban tranquilos o se movían sin cesar al ritmo de la música.

Cuando todo acabó, no me lo podía creer, yo quería más, más y más. Todos los brutales contrastes fueron manipulados de forma delicada, lo abrupto era ambicioso, y lo dulce era mecánico. La verdad, me sentí parte del propio experimento y creo que todavía no me he recuperado

Andrea P. Envid

Publicado en octubre 2015″ id=”mes” border=”none”/>

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