Crítica
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The Chinese Birdwatchers

Lo prometedor del trabajo bien hecho

The Chinese Birdwatchers. Sala Caracol (Madrid). 19 de abril de 2012.
Nacho Rupérez: voz, saxofón y guitarras; Heather Jo’Wel: voz; Jorge Sierra: contrabajo y guitarras; Raúl Sierra: guitarras; Iria Armesto: violín; Ricardo Moreno: batería. Colaboración de Moi Gómez: teclados.

Un grupo que toma como nombre el título de un artículo del semanario financiero británico The Economist. Un grupo que elige como imagen un pájaro, con una cara humana surgiendo de un marsupio de la propia ave. Un grupo que, en su nota de prensa, hablando de su modo de producción, hace referencias a Homero y su Odisea (“proceso artesanal, de prueba y error, de tejer y destejer, como la Penélope de Homero”) y al filósofo Nietzsche –y a Picasso de refilón–. Había indudablemente cierta curiosidad por ver la presentación de su primer disco, The Chinese Birdwatchers, en la madrileña Sala Caracol el pasado 19 de abril.

Ya escuchando las canciones disponibles en su página web y en blogs de cabecera como El Mundo de Tulsa podíamos deducir que más que esos que consisten en matarse a bailar se iba a tratar de un concierto para degustarlo balanceándose al ritmo de las diecisiete canciones que tocaron. De los que apelan directamente a lo emocional, a la nostalgia sin tristeza por épocas pasadas. Y a pesar de los nervios iniciales (admitidos por ellos mismos), que hicieron que se les notase un poco agarrotados, el concierto cumplió con las mejores expectativas: la gente disfrutó, la música nos transportó a tierras lejanas (y hasta dejó que el público futbolero obviase el partido que se retransmitía en una pantalla de la sala), y la banda quedó contenta (o eso parecía al menos) con el resultado.

Esto de las tierras lejanas, que quizá a alguno le llame la atención, parte de su interesantísima propuesta, mezclando folk, americana, bossa nova, rhythm & blues, rock y mucho más (¿Heavy? El estribillo de “Waiting for the Thaw” me recordaba el “Breaking the Law” de Judas Priest, salvando las innegables distancias musicales), aderezado con proyecciones de Jorge Sierra y Miguel Espada –que evocaban la quietud de los observadores de pájaros y videoartistas chinos como Yang Fudong– y adornado por flores. La gran destreza musical que demostraron todos, sumado a las poderosas voces de Nacho Rupérez y Heather Jo’Well –una haciendo el contrapunto de la otra– causaron todo tipo de efectos en la audiencia.

El repertorio de The Chinese Birdwatchers abarca desde la tarantinesca “Underwater Lovers” hasta la automovilística balada “Nova 64”, pasando por la deliciosa y con toque disco “Speak to me”, el homenaje a Leonard Cohen (“Dear Leonard”) o el hit “Celluloid Skin”, una de las favoritas del público. Diecisiete canciones –que para ser presentación de primer disco no está nada mal– que demostraron el amplio abanico de referentes musicales que tienen, y que nos llevaron y nos trajeron de lugares lejanos, dejando bonitas fotos de recuerdo. Presentación por tanto de un grupo que, esperemos, nos dé muchas alegrías y siga transportándonos de un lugar y de un tiempo a otro.

Dos menciones especiales: la presencia del violín, que parece tomar gradualmente más presencia en los grupos indie –después de su “abandono” o reclusión en grupos de folk celta durante largos años, pero que merece casi imponerse por decreto–, y a nivel autorreferencial, “Moon River”, de la que Orquesta Pelota habló en el pasado número de esta revista.

También, y que no se me olvide, después de este grupo tocaba otro, Skeamo. Pero lamentablemente un servidor madruga los viernes…

Jaime Alonso

Publicado en mayo 2012″ id=»mes» border=»none»/>

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