Crítica
Crítica
Crítica

Delicias brahmsianas

Lorin Maazel dirige a la Filarmónica de Múnich en un programa Brahms – Sibelius

Orquestas y solistas del mundo de Ibermúsica. Programa: obras de Johannes Brahms y Jean Sibelius. Orquesta Filarmónica de Múnich. Lorenz Nasturica, violín. Daniel Müller-Schott, violonchelo. Dir.: Lorin Maazel. Auditorio Nacional, 17 de febrero de 2014.

Confieso que iba con todos los prejuicios del mundo. Maazel no es precisamente uno de mis directores predilectos y siempre me ha parecido candidato a ocupar uno de los primeros lugares en el “club de los sobrevalorados” –sí, ya sé que no hago más que acumular rechazos en estas críticas, pero esto es sólo fruto de la casualidad, las cosas se han presentado así, de verdad que hay muchos directores que me gustan, incluso entre los más consagrados, mi esnobismo deja algunos resquicios–. Además, el programa tampoco me convencía. La Filarmónica de Múnich pide un Bruckner como una catedral, aunque sea lo de siempre; a cambio un Brahms “menor” y Sibelius parecían poca cosa. Pero nunca hay que subestimar a Johannes.

Las Variaciones sobre un tema de Haydn op. 56a constituyen la primera obra orquestal de cierta envergadura de Brahms. Éste quedó muy satisfecho del resultado, lo que probablemente le dio confianza para afrontar el postergado asalto a la forma sinfónica, que de hecho se produciría poco tiempo después. Ciertamente, la maestría en el contrapunto y la variación, de la que ya había dado muestras en algunas de sus piezas  corales y para piano, logran aquí una mayor dimensión y anuncian el camino que culminará con el último movimiento de la cuarta sinfonía.

El comienzo de la interpretación de esta obra no hacía presagiar nada bueno; el tempo demasiado lento y la ausencia de matices en las primeras variaciones hicieron aparecer el fantasma de “el bolo”. Pero a partir de la tercera variación, la música empezó a cobrar vuelo. La dirección de Maazel dio a la partitura lo que ésta demandaba: el discurso de cada variación discurría con claridad y entre ellas había el necesario contraste. La cuerda sonaba de maravilla y las prestaciones de los vientos, que tienen tanto protagonismo en algunos pasajes de esta obra, fueron irreprochables. Servido así, el entrante brahmsiano devino auténtico manjar. Las Variaciones sobre un tema de Haydn, que como es sabido se basan en un tema erróneamente atribuido al compositor austriaco, me supieron a Brahms en su mejor versión.

Resulta llamativa la poca atención que prestaron los compositores del siglo XIX al violonchelo. A falta de una literatura concertante para este instrumento más sustanciosa –los conciertos de Schumann y Dvorák, que quizás sean las obras más programadas, no son gran cosa–, el Doble concierto para violín y violonchelo de Brahms es una de las obras más interpretadas por los violonchelistas. Su status es comparable al Triple concierto de Beethoven, con el que suele formar pareja discográfica: su formato resulta algo extraño, no son de las composiciones más inspiradas de sus respectivos autores pero al mismo tiempo tienen destellos de brillantez y, por último, son piezas de gran lucimiento a la vez que exigentes para los intérpretes. A esto último supieron sacarle partido los dos solistas del concierto, el violinista Lorenz Nasturica y Daniel Müller-Schott. Nasturica –a la sazón concertino de la propia Filarmónica de Múnich– es un músico bien conocido para el público español, especialmente el vasco, pues desde hace años es el primer violín de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, labor a la que me temo que no se entrega con la misma dedicación que a la orquesta bávara. En cuanto a Müller-Schottbasta decir que es uno de los violonchelistas más talentosos de la actualidad. Ambos se entendieron perfectamente, especialmente en el diálogo que mantienen violín y chelo en el segundo movimiento, y dieron muestras de un repertorio de recursos técnicos inagotables, transmitiendo una sensación de facilidad sorprendente,  si tenemos en cuenta la dificultad de algunos pasajes del primer y tercer movimientos. Perfectamente acompañados por la orquesta y con un Maazel que no hizo nada por intentar acaparar un protagonismo que la obra reserva enteramente a los solistas, por mucho que la escritura orquestal sea –como siempre en el compositor de Hamburgo– cualquier cosa menos banal. Brahms nunca defrauda e incluso en sus obras menos redondas ofrece momentos para degustar.

Fuera de programa, Nasturica y Müller-Schott ofrecieron la Passacaglia de Halvorsen, una composición que se sirve de una bellísima pieza originalmente compuesta para clave por Haendel, para convertirla en una serie de variaciones de una dificultad sólo comparable a su ramplonería. Todo ello la convierte en la propina oficial de los violinistas-violonchelistas. Por cierto, la ejecución de Nasturica y Müller-Shott fue soberbia, por cierto, digna de mejor música.

En la segunda parte del programa, la Sinfonía nº 2 de Sibelius. Fuera de sus poemas sinfónicos, el finlandés no era un compositor demasiado frecuentado por las grandes orquestas hasta hace unos años, pero en las dos últimas décadas se ha producido una revalorización de su obra sinfónica. De las siete que compuso, es sin duda la segunda sinfonía la más programada. Sobre la interpretación en el concierto, sólo diremos que resiste la comparación con las mejores. Maazel llevó a la orquesta con maestría y ésta respondió con una solidez en todas las secciones realmente encomiable. La Filarmónica de Múnich demostró una vez más que es una orquesta que, aunque no tenga la aureola de las más grandes, puede sonar como las mejores.

Desde que se hiciera cargo de ella el mítico Celibidache, su devenir parece asociado a directores de gran personalidad. Maazel, que ha sido su director en el último año y medio y dejará la formación en 2015, representa una suerte de interregno entre Thielemann y otro director de gran carisma, Valery Gergiev, que asumirá la dirección tras Maazel. Por cierto, ¿puedo decir que Gergiev me parece el gran bluff de nuestro tiempo?

Imanol Temprano Lecuona

Imagen: http://4.bp.blogspot.com/-_b0ljcT-56U

Publicado en abril 2014

Autor

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies