Crítica
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Mucho más que virtuosismo

L’Europa Galante en el Auditorio Nacional

CNDM, Ciclo Universo Barroco. Sinfonía de Griselda (A. Vivaldi), Concierto para 3 violines en fa mayor G. P. Telemann, Selección del ballet El rapto de las Sabinas y La bella Arsene (Martín y Soler), Las cuatro estaciones (Vivaldi). L’Europa Galante. Dir. Fabio Biondi. Auditorio Nacional, Sala de Cámara. Miércoles, 28 de enero de 2015

La última semana de enero el público madrileño tuvo la suerte de poder ver dos veces en el Auditorio Nacional al violinista Fabio Biondi, fundador y director del conjunto L’Europa Galante, especializado en la interpretación con criterios históricos de la música barroca y clásica, sobre todo la obra de Vivaldi.

La primera actuación fue el estreno en España de la ópera Adriano in Siria de Veracini con un reparto de lujo que incluía a Vivica Genaux y Kristina Hammaströn. La segunda actuación, la que se comentará en este artículo, fue la que hizo en la sala de cámara dos días después. El programa incluía las cuatro estaciones de Vivaldi, obra archifamosa en el repertorio de música culta. L’Europa Galante saltó a la fama con la grabación de estos cuatro conciertos en los años 90, atrayendo a un público muy amplio, tanto aficionados y entendidos de la música antigua como a la culta en general, gracias a la energía en cuanto a algunas cuestiones interpretativas que ofreció este grupo junto a su director. Dos décadas después siguen inmersos en la interpretación de la música de Vivaldi y llenando salas especialmente con las Cuatro estaciones, como fue el caso.

En la primera parte destacó el concierto para tres violines de Telemann, hábilmente interpretado por el grupo italiano, demostrado gran precisión en la afinación a pesar de las dificultades técnicas. A esta pieza le siguieron una selección de danzas de diferentes piezas de Vicente Martin y Soler –compositor cada vez más interpretado– ejecutadas con la gracia y elegancia que requerían. La inclusión de la guitarra romántica en el conjunto para esta obra le proporcionó un aire inocente, íntimo, y de gran agrado para el público. Estos pequeños aperitivos anticipaban lo que llegaría a ser una noche memorable para el auditorio.

¿Y qué decir de la segunda mitad del concierto? Las cuatro estaciones eran, nunca mejor dicho, el plato fuerte de la noche, lo que el público llevaba esperando durante tiempo. Biondi, junto con un conjunto sublime que le entiende a la perfección, deleitó con su Guarnieri a un público entregado y agradecido. La grandeza del violinista italiano no reside tanto en la precisión y en la técnica (sí que se apreciaron algunas dificultades técnicas notables de las obras), sino en dos cuestiones que se observaron durante esta interpretación. En primer lugar, una facilidad para resolver problemas sin perder el estilo, cuestiones de fraseo, acentuación o dinámica. Los pasajes virtuosísticos de movimientos como la tormenta de L’estate lo son aún más en esta versión, en la que destacan, entre otras decisiones, los tiempos rápidos interpretados a aún mayor velocidad. El segundo punto se encuentra lo que se refiere precisamente a lo que concierne a estas decisiones. Dada su experiencia podríamos decir que ahora mismo hay poca gente que comprenda mejor a Vivaldi como Fabio Biondi. Los tempos lentos de estos conciertos los realiza lo suficientemente lentos como para no perder el lirismo que tienen, cuando hay pasajes más contrapuntísticos mantiene las líneas melódicas sin que una tape a otra. Las decisiones en cuanto al tempo de los allegros y los prestos fueron las que, a simple vista, tuvieron más impacto en la escena musical de los años 90.

Posiblemente siga habiendo muchos puristas que hablen de exceso en cuanto a la rapidez en esta interpretación, hecho que muestra que esta visión de las Cuatro estaciones no envejece, ni tiene pinta de que lo vaya hacer. Fabio Biondi es un ejemplo de un músico entregado a un compositor, Antonio Vivaldi, al que parece mentira que hasta hace relativamente poco, y me atrevería a decir que todavía hoy en día, haya gente que critique su música por repetitiva (no hace falta más que recordar las palabras de Stravinsky: “Vivaldi compuso el mismo concierto para violín 300 veces”), y aún parece que hace falta convencer sobre la inteligencia, sensibilidad e innovación que tiene la música del compositor veneciano. L’Europa Galante continúa haciendo su labor, también con un nuevo disco, I concerti dell’addio (Glossa, 2015), una grabación de sus últimos conciertos antes de fallecer en Viena en 1741. En definitiva, su música es mucho más que virtuosismo, son afectos, emociones, plasmadas en las cuerdas del violín.

 

Pablo FitzGerald

Fotografía:http://www.cndm.mcu.es/universo-barroco/europa-galante/span-classdate-display-singlelunes-26-enero-2015-1930span

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