Crítica
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Lavar al río

Testimonio de la performance interdisciplinar con motivo del Día de la Mujer en el Matadero de Madrid

Nuria Román (idea), Mujeres dos rombos (instalación), Sara Sanz (coreografía), Ainoa Chocano, Paloma Sánchez, Ana Erdozain, Marina Estévez, Laura Miralbés, Olivia Delcán y Alba González (bailarinas). Espacio Intermediae (Matadero de Madrid). 7 de marzo de 2015.

La celebración del Día de la Mujer se instaura en nuestra cultura como una tradición. El movimiento en pro de los derechos de la mujer posee una larga trayectoria en la que se han alcanzado grandes hitos por la igualdad de géneros que nuestras antepasadas apenas podían soñar. Superar las dificultades propias de cada época desde esta perspectiva de género necesita del trabajo constante que desarrolla con determinación este colectivo. Sin embargo, a día de hoy, todavía resulta necesario dedicar un día al año a dar visibilidad a ciertas iniciativas y reflexiones en torno al papel que las mujeres desempeñan en nuestra sociedad.

Con este propósito, y en paralelo a infinidad de iniciativas promovidas a nivel global por instituciones y colectivos de diversa índole, el pasado 7 de marzo pudimos disfrutar de manera gratuita de la performance interdisciplinar “Lavar al río” en el Matadero de Madrid. El Espacio Intermediae, que pertenece al área de las Artes, Deportes y Turismo del Ayuntamiento de Madrid y que abrió sus puertas en 2007, albergó este proyecto ideado por la artista plástica Nuria Román en colaboración con la asociación “Mujeres dos rombos” y el equipo formado por la coreógrafa Sara Sanz.

Por un lado, la precursora de la iniciativa, Nuria Román, desarrolla un interesante proyecto llamado Latitud 40º que inició en 2012 en Montgofre (Menorca) con una instalación en las canteras Lítica con la que “cosió” la gran brecha que las extracciones dejaron en la Tierra. Su propuesta pretende reparar este tipo de heridas que el ser humano ha abierto en lugares ubicados en el paralelo 40 alrededor del planeta.

Por su parte, “Mujeres dos rombos”, un colectivo de mujeres dedicadas a distintas disciplinas artísticas, colaboran en la creación de obras centradas en la interacción con el espectador en lugares públicos no convencionales con el fin de poner el arte al alcance del ciudadano. Son las responsables, entre otras, de la obra “Plancha que te plancha” en la que instalaron un enorme lienzo de 120 metros cuadrados que pudimos ver en la plaza del Museo Reina Sofía el año pasado.

Y esta propuesta de “Lavar al río” consiguió aunar el interés común de estas mujeres de intervenir espacios públicos con acciones impregnadas de carácter femenino en colaboración con otras artistas. Así, rindieron homenaje a las lavanderas que, a orillas del Manzanares, desempeñaban tan duro trabajo hasta hace no tanto.

Aquel día 7 de marzo, algunos de los paseantes que vagaban por el Matadero pudieron ver cómo, a partir de las 5 de la tarde, “Mujeres dos rombos” se esmeraban en instalar los tendederos de los que colgaron multitud de sábanas tratadas de manera escultórica. A las 20.30 horas, Intermediae se había convertido ya en un hermoso espacio escénico en el que pudimos disfrutar de la coreografía de Sara Sanz interpretada por siete mujeres.

La propuesta de Sara se integró perfectamente con el carácter plástico de la instalación. Las bailarinas, con un vestuario sobrio que las unificaba sin uniformarlas, fueron dejándose ver entre las sábanas colgadas en los tendederos para acabar reuniéndose en un espacio cuyo suelo estaba cubierto por una gran tela inundada de agua. Portaban, asimismo, sábanas húmedas que parecían arrullar entre sus brazos y caminaban con calma, mientras el público se complacía en dejar que su mirada se posase en aquellas identidades de andares armoniosos. Cada una, sin el menor atisbo de ostentación, ofrecía una imagen de la femineidad tan personal que las hacía muy especiales en sus maneras. Y al mismo tiempo, establecían relaciones entre ellas con la tranquilidad de quienes saben que su voluntad común es más importante que sus individualidades. De manera coral, las bailarinas representaban el ritmo de una base por bulerías, secuencias de movimiento basadas en la repetición estilizada de gestos que nos hacían recordar el duro trabajo que desempeñaban las lavanderas. Estas pautas le conferían un carácter catártico a la propuesta y resultaba muy interesante admirar la resistencia física de las intérpretes, similar al que debían tener las mujeres a las que homenajeaban. Sin grandes alardes técnicos, el virtuosismo residía en la precisión en la ejecución, la sincronización, la escucha entre ellas y la limpieza de la composición espacial. En este último aspecto, la relación de la coreografía con los elementos de las sábanas y el agua que lo inundaba todo, se establecía con admirable coherencia para un propósito de interactuación con el público. La expresividad de las siete bailarinas empapadas acabó salpicándonos no sólo en el sentido figurado. Quizás la cuestión de qué nos queremos limpiar que Sara utilizó como germen de la pieza, fue la responsable de que esta experiencia vivida con sincera emoción por Ainoa Chocano, Paloma Sánchez, Ana Erdozain, Marina Estévez, Laura Miralbés, Olivia Delcán y Alba González, trascendiera y consiguiera emocionar al público.

El resultado fue un trabajo honesto que, abordado desde distintas formas de mirar y participar, fue tejido por una red casi invisible: una gran red que nos mantuvo unidos mientras el agua del Manzanares nos lavaba para dejarnos a todos iguales.

Patricia Roldán Ponce

Imagen tomada de http://mujeresdosrombos.blogspot.ru/.

Publicado en mayo2015.gif” id=”mes” alt=”Mayo” border=”none”/>

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