Crítica
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Erik Satie

Compositeur de musique

Satie. La subversion de la fantasía, Alfonso Vella,  Barcelona, Ediciones Península, Colección Atalaya, 2013. ISBN: 978-84-9942-248-0.

 

Lo que el público te reproche, cultívalo, eso eres tú

Jean Cocteau

“Es usted un culo; pero un culo sin música”. Éstas fueron las palabras que el mordaz, y no obstante enormemente sensible compositor normando Erik Satie dedicó al crítico musical Jean Poueigh, palabras que reformularía posteriormente en su Elogio de los críticos. Ésta es tan sólo de una de las numerosas anécdotas que han dado pie a Alfonso Vella, profesor del Departamento de Composición del Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco de Córdoba, a comenzar su biografía del músico con la hipótesis de que “Satie es posiblemente el compositor más controvertido en la historia de la música”. Vella ha empleado, con gran agilidad literaria, más de treinta líneas para tratar de dar al lector una visión completa del carácter camaleónico del autor de las tres Gymnopédies, que es presentado como “[…] precursor de la modernidad y apegado al vetusto canto llano, devoto de Bach y Stravinsky, lector de Caroll, […] filántropo que en Arcueil enseña solfeo a niños pobres o acompaña al piano a cantantes aficionados, oso solitario en su cueva de Arcueil y hombre expansivo en los cabarés, adicto al sosiego de la Biblioteca Nacional de Francia y a la noche bulliciosa […]”.

La editorial Península ha publicado la que constituye la primera monografía de Vella así como la segunda biografía en lengua castellana del autor de obras centrales de la historia de la música como Parade o Le piège de Méduse. En un momento en el que nos acercamos al 150 aniversario del nacimiento de Satie y casi al primer siglo desde el estreno de Parade, Vella se confiesa movido por “una candorosa ambición de justicia retrospectiva” al comenzar su libro precisamente por el capítulo dedicado a esta última obra, para después retomar el relato biográfico en estricto orden cronológico con el objetivo de encender en el lector la avidez de correr a escuchar la música del bon maître d’Arcueil. Es todo un signo de elegancia que Vella dedique su obra, entre otras personas, a Ornella Volta, iniciadora de los estudios sobre Satie, y fundadora de la Fondation Erik Satie en París, así como autora de múltiples monografías y editora de las colecciones más destacables de escritos y correspondencia del músico.

La mayor aportación de esta monografía se encuentra en el capítulo inicial, centrado en el primer y tal vez último gran éxito artístico de Satie: el ballet Parade, cuya responsabilidad ha de ser compartida con Jean Cocteau, Pablo Picasso, Sergéi Diaghilev y Léonide Massine. Aludíamos al principio a lo excéntrico y anecdótico de la vida de Satie. Tal vez esta naturaleza extraña y seductora ha podido llevar a algunos historiadores y académicos a centrarse excesivamente en lo pintoresco de su biografía dejando, por desgracia, de lado los aspectos puramente técnicos y musicales de sus partituras. Vella, por el contrario, nos ofrece en este capítulo un detallado análisis musical de la partitura de Parade, la que fue una de las primeras obras en incluir objetos sonoros y cuyos números musicales perfilan un preciso retrato de la cultura artística y popular de la primera década del siglo pasado. No en vano, y muy sagazmente, Satie incluyó un ragtime, el Ragtime du Paquebot (con reminiscencias de That Mysterious Rag de Irving Berlin) que, más que anticipar la unión definitiva entre lo popular y lo académico en la cultura parisina de la vanguardia, ofrecía un clarividente testimonio de su consolidación ya desde el cambio de siglo. En este capítulo encontramos, además, una explicación razonada de los motivos subyacentes a algunas de las nociones dadas y lugares comunes más recurrentes en discusiones sobre la modernidad, como la vaga idea de un público que no está acostumbrado ni preparado para comprender la vanguardia. La biografía de Satie ha brindado a Vella la ocasión de detener su discurso en determinados momentos para recrearse en excursos sobre cuestiones de contexto, como la significación cultural de la inclusión del ragtime en esta partitura o las formas musicales más representadas en los programas de la Société nationale de musique o la Société musicale indépendante, que nos ayudan a matizar los logros (u osadías) de los provocadores por excelencia que fueron Cocteau y Satie.

Haciendo gala de un estilo muy musical, el primer capítulo termina en tensión: la acumulada por los avatares que precedieron y prosiguieron el estreno de Parade. Tal vez quede aún vivo en la memoria del lector el escándalo que supuso la première. Qué lugar mejor para la necesaria distensión que Honfleur, el idílico pueblo costero donde nació Satie. Vella resitúa el relato en este enclave para tratar la infancia y “Las primeras obras para piano” –capítulo 2– de ese joven músico que, según Maurice Ravel, “hablaba el audaz argot musical del mañana”. A partir ahí sigue una narración de los eventos más significativos de la vida del compositor, salpicada por múltiples citas extraídas tanto de su correspondencia como de sus escritos y conferencias que, en su conjunto, configuran un preciso retrato del personaje. Vella además intercala aquí y ahí una serie de apreciaciones sobre las composiciones más destacables de cada momento, poniendo de manifiesto el papel que desempeñó cada una de ellas en el reverdecimiento del lenguaje musical de finales del siglo XIX y en la anticipación de las “mudanzas que traería consigo el XX”. Así recorre el lector un catálogo caracterizado por los arcaísmos de Uspud, Ogives, Trois Gymnopédies y el exotismo de sus Gnossiennes.

De su “Segunda etapa en Montmartre”–capítulo 3– cabe subrayar el alcance de la relación sentimental entre Satie y la pintora Suzanne Valadon, a quien Vella dedica un importante y destacado lugar –no menor al merecido– en la vida del músico. Al fin y al cabo, y a pesar de distintas elucubraciones, Biqui, como era apodada por Satie, fue la única amante de la que tenemos constancia. Entre los documentos que el compositor guardaba celosamente en su habitación, sus amigos encontraron tras su funeral más de treinta cartas dirigidas a ella junto con un mechón de sus cabellos. Vella pone el punto final a su obra con un giro novelesco imaginando el reencuentro entre Satie y Suzanne tras la muerte de la artista. De ésta, su época esotérica, datan Le Fils des étoiles y Vexations y es rebautizado como Ésotérik Satie por el también natural de Honfleur Alphonse Allais. Claude Debussy entra asimismo a formar parte de la narración en este punto, con quien Satie mantuvo una estrecha relación de admiración, amistad y probablemente celos mutuos durante el resto de su vida. Con relación a la incomodidad provocada en Debussy por el éxito de las Gymnopédies orquestadas y dirigidas por él mismo, Satie se preguntaba amarga y tiernamente “¿por qué no quiere cederme un sitio pequeñito a su sombra?”.

Acuciado por problemas económicos que jamás llegaron a disiparse, Satie decidió a finales de la década de 1890 mudarse a la periferia de París, al suburbio de Arcueil. En sus “Primeros años en Arcueil” –capítulo 4– se comprometió con la vida local y, especialmente, con la educación musical de los más jóvenes. De este tiempo datan una serie de chansons de cabaret, como Tendrement, Je te veux o La Diva de l’Empire a la vez que de un modo inesperado Satie decidió retomar sus estudios musicales ingresando a la edad de treinta y nueve años en la conservadora Schola Cantorum como alumno de contrapunto.

En el “Lustro previo a Parade” –capítulo 5– se comienzan a entrever algunas actitudes y tendencias que posteriormente desembocaron en el estilo socarrón y transgresor característico del compositor. Embryons déséchées, Descriptions automatiques, Véritables préludes flasques (pour un chien) o Trois morceaux en forme de poire fueron compuestas en esta época y sus propios títulos apuntan en la dirección de lo que posteriormente le granjeó a Satie sus (nunca aceptadas) adscripciones al surrealismo o al dadaísmo. Un cuarto de siglo antes de que lo hiciera John Cage, Satie ideó para Le piège de Méduse lo que después se conocería como piano preparado. Vella apunta hacia la posibilidad de que Falla tomase la idea de Satie, tal vez a través de Ricardo Viñes, cuando cubrió con papeles de seda las cuerdas del piano en la función de El Misterio de los Reyes Magos en 1923.

En los “Primeros años después de Parade” –capítulo 6– Satie se reafirmó una vez más en su convicción de que “la experiencia es una forma de parálisis” y de nuevo dio esquinazo a las viejas prácticas y fórmulas, que tanto éxito le habían reportado, para desafiar la comodidad del triunfo en la consecución de nuevos retos. Con esta actitud encaminó una obra única en su catálogo, Socrate, en la que muchos vieron el estilo de un compositor maduro, serio y comedido. De este momento data también su Musique d’ameublement, precursora del hilo musical, la música ambiental y –en cierta medida– de un determinado tipo de minimalismo. Un hecho en ocasiones olvidado acerca del estreno de la Música de mobiliario –que en su traducción al castellano dignifica el concepto literal de la Música mueble– es que Satie diseminó a los músicos por las cuatro esquinas de la galería de arte donde se estrenó, la Barbazanges, subrayando así relevancia de la espacialización como cuestión central de la ambientación sonora.

De entre sus “Últimas obras: Mercure, Relâche, Entr’acte” –capítulo 7–, esta última es sin duda la que volvió a situar al compositor en el epicentro de la vanguardia. Satie fue el autor de la primera composición escrita para el cine secuencia a secuencia. Fue ésta una tarea en la que se esmeró especialmente, tal vez al ser consciente de la magnitud del proyecto en el que estaba inmerso al final de su vida junto a Francis Picabia y René Clair.

Erik Satie murió el 1 de julio de 1925 sin haber llegado a cumplir los sesenta años. Siempre humilde, pero firme en sus convicciones, fue un compositor incansable en su búsqueda de nuevas alternativas frente a la tradición. Desprovista de cualquier tipo de comodidades, su vida fue toda una huida hacia delante. El carácter irónico, mordaz, incisivo, e incluso en ocasiones inverosímil de sus escritos y correspondencia no debe impedirnos ver en Satie el ejemplo de un compositor para quien la música era el medio más serio y solemne con el que profesar el máximo de los respetos hacia el arte y la sociedad. El libro escrito por Alfonso Vella recorre esas casi seis décadas de experimentación, provocación, ironía, solidaridad, camaradería y humor que convirtieron a Satie, en palabras de Roland-Manuel, en “el consejero secreto de todas las audacias y todas las imprudencias de la música francesa”.

Lola San Martín Arbide

Para saber más:

Textos de Satie

Satie, Erik. Écrits, reunidos y presentados por Ornella Volta, París, Éditions Champ libre, 1977.
— Memorias de un amnésico y otros escritos. Árdora ediciones, 1994. Traducción de Loreto Casado.
— Correspondance presque complète. París, Fayard, IMEC, 2000. Edición de Ornella Volta.
— Cuadernos de un mamífero. Barcelona, Acantilado, 2006. Traducción de Mari Carmen Llerena del Castillo.

En español

Careaga, Victoria. Erik Satie. Madrid, Círculo de Bellas Artes, 1990.
Davis, Mary E. Erik Satie. Barcelona, Turner, 2008. Traducción de Daniel Sarasola Anzola.
Erik Satie: del chat noir a dadá. Valencia, IVAM Centre Julio González, 1996. Catálogo de la exposición comisariada por Ornella Volta.
Orledge, Robert. El Mundo de Satie. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2002. Traducción de Mariano García.

En francés

Volta, Ornella. L’Ymagier d’Erik Satie. París, F. Van de Velde, 1979.
—junto con David Vaughn, Satie et la danse, París, Plume, 1992.
—Satie-Cocteau. Les malentendues d’une entente. París, Le Castor Astral, 1993.
—La banlieue d’Erik Satie. Arcueil, Macadam, 1999.

En inglés

Orledge, Robert. Satie the Composer. Cambridge, Nueva York, Cambridge University Press, 1990.
Perloff, Nancy. Art and the everyday: popular entertainment and the circle of Erik Satie. Oxford, Nueva York, Oxford University Press, 1991.
Potter, Caroline. Erik Satie: music, art and literature. Burlington, Ashgate, 2013.

Fotografía: lámpara situada en Les Maisons Satie, en Honfleur, cuyo diseño se recrea en el amor de Satie por los gatos y perros callejeros de Arcueil. Lola San Martín.

Publicado en noviembre 2014

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