Crítica
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El triunfo del espectáculo

Spinosi y la O.N.E.

Sinfonía nº 35 en Re mayor, KV 385 “Haffner” de W. A. Mozart. Concierto para contrabajo, orquesta y continuo en Re mayor de J. B. Vanhal. Sinfonía nº 4 en Si bemol mayor, Op. 60 de L. v. Beethoven. Auditorio Nacional, 12 de mayo de 2012. Antonio García, contrabajo. Dir.: Jean-Christophe Spinosi. Orquesta Nacional de España.

Que Jean-Christophe Spinosi es un hombre diferente salta a la vista. No lo es sólo por el hecho de llegar al auditorio diez minutos antes del inicio del concierto o por regalar al público una propina, algo nada frecuente dentro de los conciertos orquestales de la temporada de la ONE. Su mera aparición en el escenario deja entrever un hombre con una energía y un carisma fuera de lo común. Si a todo esto le sumamos una gran musicalidad y un agudo sentido del espectáculo tenemos una figura que garantiza el éxito entre el público asistente a un concierto.

Spinosi conecta con el espectador. Sin necesidad de demostrar nada en el podio, el fundador del cuarteto Matheus tenía en el bolsillo a gran parte del aforo incluso antes de comenzar el concierto. Prueba de ello fueron los vítores y aplausos que recibió la pobrísima interpretación de la Sinfonía “Haffner” de Mozart por parte de la Orquesta Nacional.

Afortunadamente en el Concierto para contrabajo de Vanhal los profesores de la orquesta empezaron a mostrar cierta empatía con el director y mejoraron tanto en empaste como en afinación, alcanzando una sonoridad aceptable. Antonio García ejecutó la obra del compositor checo con un nivel notable; resolvió los pasajes virtuosos con sobrada suficiencia y una gran expresividad cuando la partitura así lo requería. Spinosi trazó una versión transparente y contundente de la obra, cediendo siempre el protagonismo al solista.

En la cuarta Sinfonía de Beethoven el director francés se dejó la piel para que ningún detalle sonoro quedara al azar, construyendo una versión consistente de la obra gracias a una orquesta que funcionó en esta ocasión de manera solvente. Esta atención al detalle no fue exclusiva de esta pieza, si bien en las otras dos los resultados no fueron los mismos. Con todo, unos tempos casi siempre vivos y llenos de fuerza lograron que la música de Beethoven fluyera por la sala. Digno de mención para el que escribe fue el segundo movimiento, donde a base de trabajar el fraseo expresivo de la masa orquestal, y gracias a la ayuda de los solistas, se alcanzaron cotas de cierto nivel.

Cuando eran ya muchos los que desfilaban por los pasillos y escaleras de la sala, Spinosi sorprendió al público con la interpretación (a modo de regalo) del último movimiento de la Sinfonía 82 de Haydn “Del Oso” con sus falsos finales. Sus gestos cómplices hacia las butacas en cada “engaño” terminaron de enfervorizar a gran parte de la sala, que aplaudió a rabiar y volvió a casa encantada con el espectáculo que había presenciado.

Spinosi triunfó, y su espectáculo también. Por desgracia no hubo más triunfadores.

Eduardo Pérez

Foto tomada de Jean-Christophe Spinosi, Facebook oficial

Publicado en junio 2012

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